Eso!
Días de artificial
Después de escalar el Yelmo por una vía fácil, pero expuesta, sin apenas seguros, el devenir me ha llevado en tromba al artificial, una disciplina que me gusta mucho pero que no practicaba en serio desde hace bastante tiempo.
Así que, a propuesta de Vlady nos dirigimos la semana pasada a El Hueso, risco mítico de La Pedriza en el que todavía no había escalado. Las opciones eran varias, pero finalmente nos inclinamos por una interesante travesía a izquierdas llamada Vampiros en la roca (6a/A2+, 150 m., croquis cortesía de Vlady). La vía circula por debajo de unos impresionantes techos para terminar saliendo a la placa principal del Hueso, regalando un largo de salida, en placa, de 6a.

A mitad del segundo largo de Vampiros en la Roca (IV+). Foto: Vlady
Como bien cuenta Vlady en su post, en el tercer largo tomamos conciencia del tipo de material que necesitábamos que no era, ni mucho menos el que llevábamos, por lo que nos retiramos honrosamente conminándonos a volver pronto con el material adecuado para los tramos de A2+.

Haciendo una cigueña clásica en El Tolmo (Ae). Foto: Vlady
Como Carlos, María José y yo habíamos ido a dormir al refugio Giner de los Ríos la noche anterior, éstos aparecieron de repente en la base de la pared porque Carlos “quería ver escalar a papá”.
Una barbaridad en la que se empeñó el renacuajo, porque el camino de aproximación es incómodo entre bloques. Carlos se portó como un campeón, trepando y obedeciendo a su madre cuando le decía “no te muevas de ahí”, importante instrucción al moverse entre piedras y de repisa en repisa.
La lástima es que nos pillaron rapelando de la pared. Así que, resignados y con el rabo entre las piernas nos fuimos con ellos a El Tolmo, a quitarnos el gusanillo de utilizar los estribos y a ofrecerle una escalada en artificial al pequeño.
Como no podía ser menos, nos metimos en la burilada central del gran techo, que ahora está reequipada entera con parabolts. Una ruta corta con importantes estiramientos para alcanzar la siguiente chapa y físicamente muy exigente pues te mantiene todo el rato colgado como un chorizo en una fresquera. El paso más duro para mí fue el siguiente a la salida del techo pues no fui capaz de estirarme lo suficiente para poner la cinta en la chapa. Como a grandes males, grandes remedios y, además, encontramos una pinza a pie de vía (¡qué casualidad!), tirando de bastón enganché la cinta exprés y fin de la historia. Agotado por el gorileo, pero feliz por un buen fin de semana en el monte, nos despedimos de Guzmán, el guarda del refugio y que nos trató de lujo, como siempre, para volver a la civilización.

Vlady recuperando el largo de El Tolmo (Ae). Foto: María José
Una semana después, con los brazos doloridos por el desplome de El Tolmo, toda la familia hemos vuelto a la sierra para pasar el fin de semana en Peña Pintada, con los amigos. Y Rober y Mario, con quienes hacía tiempo que no escalaba me retan con ir a Peña Retuerta para hacer una vía de artificial, de un sólo largo, pero interesante. Ellos ya habían hecho algún intento pero carecían de unos microfisureros que pensaban que eran necesarios para resolver la salida de un prominente techo. Y allí nos vamos.
Efectivamente la vía es interesante y resulta más cómoda que la del Tolmo porque los alejes son menores. Claramente ha sido equipada desde abajo por alguien de nuestra estatura y con un interesante trabajo de clavos (aunque alguno ya está un poco oxidado o, incluso, algo suelto). Todo va bien hasta el borde del techo equipado con unos generosos cáncamos. Sin embargo, salir de él requiere un pequeño ejercicio de funambulismo sobre un par de fisureros realmente pequeños. Sin apoyo para pies, el esfuerzo de auparse para colocar el siguiente seguro es arduo y, luego, la salida por el pequeño diedro es un poco arrastrada y con la constante sensación de ir a arrancar los micros que, lejos de eso, asientan a cañón.
Para terminar una salidita en libre y, luego, a tostarse en la cima del peñasco asegurando a Rober, quien sufre de lo lindo en la salida del techo. Mario, que se ha muerto de aburrimiento ya, declina subir y lo deja para un posterior intento de primero, así que damos por finalizada la escalada tras rapelar hasta el suelo.
Y con eso y un bizcocho, volando a ver cómo Nadal gana Roland Garros.
La cara sur del Yelmo de lado a lado
Hacía mucho que no salía a escalar. Demasiado.
A veces me cuesta organizar todos los quehaceres y todas las pasiones. Y sacrificar la pasión de la montaña por la de mi familia ha sido una norma estos últimos meses. Un agradable sacrificio, por supuesto, tan agradable que podría convertirlo en una dulce reducción vital.
Pero ahí estaban Vlady y Diego para tentarme con algo suculento: la Calavera (V, M2) en la cara sur del Yelmo, en La Pedriza. Una ruta que ya intenté hace un tiempo pero no salió por desconocimiento y bisoñez pedricera.
Desde entonces siempre me ha parecido una ruta muy atractiva pero con un gran hándicap: la exposición, pues carece de un sólo seguro o reunión en la ruta. No obstante, gracias a las vías que se cruzan con ella, la mayoría de escaladores actuales reducen el compromiso aprovechando reuniones y chapas sueltas cercanas a su itinerario. Así que, cuando conocí a Paco Aguado (el Calavera, de ahí el nombre) y me contó la verdadera historia de esa ruta, abierta sin cuerda “para pasar el rato”, decidí descartarla… al menos por un tiempo.
Sin embargo el domingo 16, hace dos semanas, me encontré aproximándome a la cara sur del Yelmo con dos amigos para repetir una vía que muy poca gente repite. Tan poca que estábamos seguros de que no pasaría lo que pasó: soprendentemente a pie de vía había no una, sino dos cordadas intentando la ruta. Una de ellas, además, parecía un poco lenta y desconocedora de la ruta. Optamos pues por lo más sensato, buscar una alternativa.
Y la encontramos, vaya que si la encontramos. Después de ojear una guía que nos prestaron otros amables escaladores, nos inclinamos por una bonita y elegante vía que también cruzaba toda la cara sur aprovechando una veta que comienza un poco más a la derecha de la Calavera, desde el suelo, y que circula un poco más alta que esta última. La ruta elegida, con unas características de exposición similares a la Calavera y una dificultad equivalente aunque quizá un poco más sostenida, fue “By the face” (200 mts., 6a, M2).
El resultado fue una escalada no muy difícil pero con un gran compromiso (M2+ la graduaron mis compañeros) por tratarse de una constante travesía a izquierdas con impresionantes tiradas sin posibilidad de aseguramiento.
En mi cabeza, después de tanto tiempo sin escalar, bullían la tensión y la inseguridad, lo que me hizo rechazar encabezar el segundo largo. Diego, lesionado en un dedo ya tenía bastante con no bajarse. Y Vlady, que es un santo, tomó las riendas y encabezó los dos largos primeros con una tranquilidad nada desdeñable pese a ir dejando metros y metros las cuerdas colgando, sin seguros, tras de sí.
Escalar en travesía de segundo no es mucho mejor que hacerlo de primero, incluso en ocasiones es peor, pero psicológicamente me ayudó a ir entrando en materia y, finalmente, animarme a encabezar el tercer largo. Aunque una cosa es una decisión racional y otra muy distinta el subconsciente que, en mi caso, me dejó bloqueado un buen rato en un paso de equilibrio con cierto alejamiento del último seguro. Tres intentos me llevó resolver el paso y, por fin, sacudirme el miedo del cuerpo.
El resto de la vía no mejoraba en cuanto a exposición, pero perdía algo de ambiente, lo que simplificaba la escalada.
Tras la obligada cumbre y el siempre tenso descenso por la Valentina, comprobamos satisfechos y sorpendidos la ruta en toda su magnitud y espectacularidad. Una preciosa vía sólo para los muy iniciados en la escalada pedricera y, en especial, para aquellos que no echen mucho de menos las chapas. A los números me remito para refrendar mis palabras: en casi 200 metros, emplazamos 16 seguros y montamos 4 reuniones; hagan la división.
El croquis por si alugien gusta, cortesía de Vlady
Cordada Virtual
Como escalo poco y hablo mucho he pensado que era buena idea aprovechar la oportunidad que me surgió por trabajar para quien trabajo y lanzar un nuevo blog sobre montaña en MARCA.COM.
La idea no es trasladar madclimber.com, un blog muy personal, intimista si se quiere y guadiano donde los haya. No, más bien se trata de utilizar una potente tribuna como es la zona de Opinión de MARCA.COM para acercar algunas reflexiones a una audiencia mucho más abierta que la de nuestros blogs temáticos. Una audiencia que oye mucha indormación mediática y mediatizada sobre temas de la montaña y que, en muchas ocasiones sino en la mayoría, se pierden matices importantes o conceptos de base.
No sé la vida que tendrá ni el resultado final, especialmente por mis modestas capacidades como divulgador y porque en realidad se trata de ejercer de periodista de fortuna. Aún así, por ganas no será.
Estáis todos invitados a visitar Cordada Virtual y a invitar a vuestra vez a quien consideréis oportuno.
¿La escalada deportiva por fin un deporte?
Mientras encuentro el hueco para salir a la montaña entre las inclemencias meteorológicas y obligaciones de todo tipo, rescato en mi cabeza una idea que hace mucho tiempo que está allí: que la escalada deportiva podría ser olímpica. No es un rescate casual, sino que viene motivado por una noticia que publicaba hace poco Desnivel sobre que la escalada podría ser olímpica en el año 2020.
Imagino que no sólo la escalada deportiva en roca (bueno, en resina) durante los juegos de verano, sino que la joven escalada deportiva en hielo también durante los juegos de invierno (más raro es el curling, ¿no?).
Parece que es una vieja reivindicación de las federaciones de clubes, canalizada a través de la Federación Internacional de Escalada Deportiva (IFSC según sus siglas en inglés) quién ha conseguido el primer paso, importante: ser reconocida por el Comité Olímpico Internacional, los dueños de la cosa olímpica.

Escalada deportiva en Frankenjura
Yo siempre he sostenido que el montañismo no es un deporte, es otra cosa; si nos dejamos llevar por el tópico, es una forma de vida. Pero al margen de lo que sea, lo que sí es cierto es que es una actividad que, en muchas facetas puede considerarse un deporte y que, afortunadamente, ha dado a luz dos disciplinas que son tan seguras como cualquier otro deporte convencional. Esto facilita la iniciación y, a la vez, la retención en esa zona de seguridad de escaladores que buscan los componentes lúdicos de la escalada evitando al máximo el riesgo implícito en otras modalidades. Con el tiempo imagino, y espero, que la mayoría si termina convirtiéndose en un deporte de gran difusión.
En definitiva, desde mi punto de vista, creo que hay dos buenas noticias asociadas a la posible “olimpización” de los deportes de la escalada. La primera es que nuestra actividad dará un paso más hacia al abandono de la clandestinidad, algo que yo creo que es muy bueno a pesar de que algunos consideran que sería mejor mantenerlo allí. Lo que es un hecho es que hay muchas tensiones desde diferentes lados que nos obligan a replantearnos continuamente las cosas: la masificación, las necesidades conservacionistas, la presión económica en todos los sentidos, etc. y hay que regular muchos aspectos. Y pese a que somos una comunidad más grande de lo que parece (más de ochenta mil personas en todo el pais, contando sólo a los federados) tenemos muy poca voz en casi nada por ser un poco desorganizados y poco asociativos. La olimpización nos dará más voz y mayor visibilidad y, quizá, permita que muchos de nosotros veamos en el hecho de pertenecer a un club y federarnos algo más que un seguro y unos descuentos en los refugios.
La segunda es que un deporte olímpico siempre se beneficia de inversión en todos los campos, desde la industria hasta la administración. Todo el mundo quiere tener campeones olímpicos y si hasta ahora hemos conseguido generar algunos campeones del mundo y muchos escaladores en la élite internacional, tanto en roca como en hielo, con esta inversión en dinero (que significa tiempo y más profesionalización), quién sabe si podemos crear una nueva generación de escaladores de élite que, además, no sean vistos como los raritos del barrio por su entorno.
Bueno, seguiremos esperando para ver cómo termina una historia que siempre he pensado que terminaría en unas olimpiadas y en algunos formatos televisivos.
Material de escalada español
Merced a una reciente conversación vía Facebook con Joan Quintana, algunas de cuyas guías adornan mis estanterías, me he planteado hacer un repaso a mi material para localizar todo aquello Branded in Spain. Es cierto que soy un fiel cliente de Black Diamond Equipment y que Petzl, Beal o Grivel gozan de mi entera confianza. Sin embargo, tenemos en España unas cuantas marcas que compiten más que dignamente con grandes marcas internacionales, aunque lamentablemente, la innovación y el diseño siguen siendo importantes lacras en todo nuestro tejido empresarial y, por tanto, también en el del material de montaña.
Dicho esto, me gustaría glosar algunas de las marcas más relevantes de nuestra patria chica.
En primer lugar las que he utilizado y que me han dejado muy contento y que pondré por orden alfabético para evitar suspicacias. Digamos que es el podio aunque no son sólo tres:
- Bestard. Es un gran fabricante de botas que no está lo suficientemente valorado. Sigo utilizando unas cletas con relleno de Thinsulate y suela Vibram desde hace ya ni sé cuántos años. El único problema que tienen esas botas es el relleno, que da demasiado calor para el final de la primavera y claro, en invierno, utilizo más las botas de plástico. Aún así, voy a jubilar en breve otras botas y las sustituiré previsiblemente por unas nuevas Bestard.
- Buff. Podría ser la prenda tonta de la semana, pero la verdad es que desde que me coloqué el primero, no sé si comprado o regalado, no salgo al monte sin él. Tanto para proteger el cuello frente al frío (es un complemento perfecto cuando por el calor necesitas abrir la chaquetilla) como a modo de gorro (insustituible en primavera y verano debajo del casco), se ha revelado magnífico. Rápido de secar, flexible y cómodo.
- Diamir. Me regalaron en 1997 y todavía conservo esperando poder usarlo como merece, en una expedición a Alpes o Andes, un saco Diamir Nanga Parbat, de pluma. Creo que es ese modelo, porque sigue igualito (y sin necesidad de mejorar). Un producto a un precio muy competitivo y con unas prestaciones excelentes.
- Roca. No era una marca que me gustara demasiado. Yo siempre había usado cuerdas Beal, salvo una Edelweiss que me salió maravillosa, y me parecían cuerdas abrasivas y duras cuando usaba las de mis amigos. Sin embargo, por pura estética elegí Roca para adquirir una cuerda de 70 m y de 9,1 mm. de color negro. El resultado es que he detectado una considerable mejora en el tacto, el uso y parece que en las prestaciones de las nuevas cuerdas de Roca. Todos podemos mejorar y Roca parece haberse aplicado en ello.
- Soloclimb. No suelo tener muchas cosas pero me acompaña de algún modo desde que empecé a escalar, con unas mallas míticas de color verde y que eran resistentes, elásticas, frescas, calientes y secaban rápido. Las usaba hasta en primavera para la nieve. Ahora utilizo un prototipo de un pantalón de invierno que casi me regaló Francisco Aguado cuando intentaba venderle mis servicios profesionales. Estoy más que satisfecho y seguiré utilizando Soloclimb. Además, con la incorporación de José Isidro Gordito al equipo, las prendas parecen haberse beneficiado de un toque de frescura.
- Trango world. Es una marca que ha entendido las nuevas tendencias de la ropa de montaña sacrificando cierta durabilidad a cambio de diseño y moda. Yo tengo un pantalón de escalada de loneta, clásico y un magnífico forro polar cortavientos que es una de mis prendas favoritas en cualquier actividad. En multitud de ocasiones ha sustiuido exitosamente al impermeable con temas de viento e incluso de nevadas ligeras. Adoro ese forro polar que, además de sentarme bien (esto es, obviamente, una apreciación subjetiva), es terriblemente eficaz y versátil.
Ahora van las que he utilizado y que son interesantes porque ofrecen suficiente calidad pero que creo que pueden mejorar en diseño e innovación (lo cual sería una magnífica noticia):
- Altus. Sólo he utilizado sus mochilas y son resistentes y los modelos más modernos parecen también bastante versátiles. Pero de nuevo tienen un problema para competir en diseño con otros competidores europeos o norteamericanos.
- Faders y Fixe, porque se han unido desde abril de 2009 para formar una de las mayores compañías españolas del sector, como dicen ellos en su propia web. Hace ya mucho que no compro mosquetones Faders aunque conservo los primeros que compré. Y lo cierto es que siguen dando buen servicio aunque siempre dudo si debería jubilarlos ya únicamente para tareas accesorias. Recuerdo la primera vez que los utilicé en artificial, al abrirlos con peso no volvían a cerrar. Seguro que eso ya lo han mejorado, pero su diseño frente a otros competidores hace que no me anime a regresar por ahora.
- Boreal. Algo ha pasado con Boreal, al menos en mi cabeza. Era un feliz y apasionado usuario de pies de gato y botas Boreal. Mis primeros pies de gatos fueron unos ninja que amé con locura, luego los láser que, probablemente fueron los mejor que he tenido jamás. Y también usé botas con gusto. Pero cambiaron la horma de los pies de gato y el segundo (o el tercero, no recuerdo bien) par de láser ya no funcionaban igual. También cambiaron la suela de las botas y en el siguiente par que adquirí caminaba con una sensación rara y en tramos rocosos tenía poca estabilidad. Sigue siendo una gran marca, pero no me convence.
Ahora es el turno de una lista sobre la que no tengo opinión porque mi aproximación en todos estos años ha sido mucho más tangencial o nula, pero que nunca han sido capaces de captar mi atención: Artiach (tiendas y material de acampada), Chiruca (botas), Inesca (mochilas, sacos y ropa), Isard (guantes de escalada), La Artesana (gorros y calcetines), Laken (cantimploras y bidones), Tenaya (pies de gato) y Ternua (ropa técnica).
No pretende ser una lista exhaustiva, sé que hay más seguro, y si alguien lee esto que me perdone por las que me he dejado (y si se anima, que las apunte en los comentarios que para eso están), pero estas son las que acampan en mi mente.
Todas menos una marca que he dejado para el final y que tiene que ver con la conversación a la que aludía al principio del post. Una que es especialmente singular porque me parece que es un proyecto arriesgado. Un proyecto que cumple con los requisitos de innovación y diseño que creo que ofrecen un camino de consolidación y crecimiento en los tiempos que corren (aunque por sí solo no es una garantía de éxito, claro). Se trata de e-climb, una apuesta de hace ya unos años de la que participa dos de los máximos exponentes de la escalada en invernal en España, de los que hacían goulotes y cascadas míticas cuando aquí hacían hielo de alto nivel cuatro gatos: Carles Gusi y Joan Quintana.
Ambos, con 30 años de experiencia de glaciarismo han diseñado un conjunto de herramientas para escalada invernal innovadoras y muy diferentes a otros productos del mercado, como los tornillos de puntera recambiable, que me llaman poderosamente la atención.
Cuando , como ya he dicho, hace unos días conversaba con Joan Quintana a través de Facebook y, amablemente me decía que cualquiera, en su nivel, puede utilizar sus herramientas, lo que es una buena noticia para todos los que vivimos en el imperio de las sensaciones gélidas suaves.
Tras este exhaustivo repaso, espero que, como decía hace poco en Twitter, algún fabricante español se anime a patrocinarme todos los proyectos mediocres que tengo por delante. Seguro que los comparto con más gente que los grandes escaladores los suyos
Hielo con amigos en la boca norte del túnel de Bielsa

El sábado en Pineta. Foto: Vlady
Teníamos el plan el último fin de semana de enero: intentar hacer hielo “deportivo” para entrenar y consolidar nuestro nivel de escalada invernal. El núcleo duro éramos Vlady y yo, y estábamos intentando liar a unos cuantos amigos. Finalmente, entre la mala predicción meteorológica y diversos desencuentros de agenda, el grupo se quedó en cuatro personas: Vlady, Rober, Nell y yo y el objetivo: las cascadas de fácil acceso de la zona del túnel de Bielsa.
El inicio fue complejo porque teníamos que coincidir todos en algún lado, con diferentes horarios y cada uno saliendo desde una punta de Madrid. Y para colmo, descubro que mis crampones de hielo están rotos: el vástago que une la varilla central y la parte delantera del crampón está cizallado a la altura de la rosca y no parece fácil encontrar un tornillo de sustitución. Así que tengo una estupenda idea: ir a comprarme unos crampones nuevos, como ya tenía previsto hacer un poco más adelante. El premio de consolación era un repuesto, pero buscaba los nuevos Cyborg de Black Diamond. Al final no pudo ser y me tuve que conformar con unos magníficos Rambo 4, de Grivel que luego funcionaron estupendamente todo el fin de semana y que, ahora, estoy convencido de que son mejores que los que buscaba inicialmente.
No obstante eso, que llevó más tiempo del deseado, se unió a que le di mal las indicaciones del punto de encuentro a Vlady para que yo solito fuera la causa de una salida con bastante retraso. Y para redondar, un error de itinerario y una copiosa nevada en el Puerto de Cotefablo nos dejó en el Refugio de Pineta pasadas las cuatro de la madrugada. Tras meter Rober y yo un pie cada uno en un charco cercano al refugio, conseguimos meternos en las literas, dejando a Vlady y a Nell en la furgoneta.
Evidentemente no madrugamos.

Emplazando un tornillo en el resalte del fondo. Foto: Vlady
Como estaba previsto, hay mucha gente en la boca norte: fácil aproximación y hielo seguro. Aún así, encontramos un hueco en los resaltes del fondo: una columna convertida en “free standing” porque se ha roto en la base es nuestro primer objetivo. Aunque parece bastante vertical al principio me animo a intentarlo porque es un tramo corto. Funciona. Me siento bastante seguro colocando los tornillos y disfrutando de un hielo de bastante calidad, poco estalladizo y gancheable por las huellas de las cordadas anteriores.
Detrás de mi escala toda la tropa. Para Nell y Vlady es la segunda o la tercera vez y para Rober, la primera vez después de la aventura del Ben Nevis. Parece que todos tienen buenas sensaciones y lo disfrutan. Vlady, más aguerrido decide con unos pocos tornillos que no hemos gastado darle a un pequeño resalte vertical a la derecha que luego recorre una rampa de unos 60º de hielo y algo de nieve encima hasta la reunión. Lo resuelve sin problemas y luego lo probamos Rober y yo también de primero. Para Rober supone un agradable reencuentro con la escalada en hielo de primero que disfruta y le devuelve confianza perdida.

Nell en los resaltes del fondo aguantando la nevada. Foto: Rober
El día se cierra con una buena velada de refugio y un copioso menú. Todos terminamos durmiendo dentro de él, después de reponernos del susto que nos dieron llamando a voces a Vlady para ponerse al teléfono.
El domingo iba a ser corto pues, de nuevo, nos abstuvimos de madrugar y, además, teníamos que volver pronto a Madrid. Pero abandonamos los últimos el Refugio de Pineta, donde nos ofrecieron un trato exquisito y una estupenda cena, para acercarnos de nuevo a la boca norte del túnel con La Dorada en mente.

Rober peleando con los últimos tramos de La Dorada. Foto: Nell
Al llegar estaba libre, así que me metí sin pensarlo demasiado no fuera a arrepentirme. Esta vez ya estábamos hablando de una escalada seria y no de un resalte de unos pocos metros.
Empecé bastante cómodo aunque el primer tornillo que emplacé no quedó “maravilloso”. La cascada estaba resultando algo trabajosa sobre todo porque mi nivel en hielo es escaso y mi hábito más, pero todo iba bien.. hasta que, al golpear, saltó un gran trozo de hielo y toda la cascada crujió sonoramente. Mi vecino de cascada, de una cordada que estaba en La Americana, a mi izquierda, también exclamó “¿lo has oído?”. Todos lo habíamos oído. Ante mis ojos había un corte de un par de dedos que separaba la parte por la que yo escalaba de la parte superior de la cascada. Así que me puse cómodo y emplacé un tornillo a mi izquierda que resultó difícil de enroscar: buena señal. Continué de puntillas y con más miedo que vergüenza hasta el descuelgue donde, por fin, respiré.
El resto del día discurrió entre fotos, aseguramiento al resto del grupo, quienes me elogiaban inmerecidamente al bajar porque me aprecian y, sobre todo, por su poca experiencia.
Entusiasmados por haber sacado petróleo de un fin de semana que pintaba mal, predecía mal (nevadas y lluvias) y empezó mal, nos volvimos a Madrid entre control y control de la policía buscando etarras.

Vlady en el último resalte de La Dorada. Foto: Rober
Lo mejor, como siempre, la escapada con buenos compañeros y, en especial, con Rober con quién hacía mucho tiempo que no escalaba. Es un muy buen compañero de cordada y buen amigo al que le hacía falta un reencuentro feliz con la actividad invernal.

Primeros pasos en la Dorada. Foto: Nell
Retorno al hielo.. y al blog
Tras mucho tiempo con actividad esporádica y sin postear, y quizá espoleado por los clásicos buenos propósitos de año nuevo, vuelvo a ambas actividades con un poco más de consistencia, una vez estabilizados los asuntos profesionales que tenía en el aire en la parte final de 2009.

El camino hacia la laguna de Peñalara. Fotógrafa: Nell Itxab
La llamada del invierno después de las últimas nevadas y tormentas en toda España y en concreto en Madrid era irresistible y me dejé liar por Nell, Vlady, Yago y Sergio para darle un tiento a algún cacho de hielo en la zona de Peñalara. Y para allá nos fuimos, con la pared del Zabala en la mente.
El día anterior había sido bastante duro, en especial para los que madrugaron, como Diego. No obstante, la meteo prometía un mejor día al menos durante la mañana. Y eso fue suficiente.

Nell probando el hielo por primera vez en el Zabala. Foto de Nell Itxab, de fotógrafo que ignoro (probablemente Vlady)
Allí coincidimos con otros escaladores con los que compartimos algún top o al menos espacio porque muchos escalaron las tres o cuatro líneas disponibles en solo integral.
Yo inicié la mañana abriendo una línea que chorreaba algo de agua por los agujeros que dejaba el piolet, pero que era bastante consistente para pichar aunque los dos tornillos que emplacé tenían más interés didáctico que protector.
Luego, nos liamos a hacer yo-yós y a disfrutar del buen tiempo y el suficiente hielo. Fue un buen encuentro con el hielo para todos puesto que nunca antes lo habían probado y, para mí, fue un buen reencuentro con la escalada invernal. Espero que sea la antesala de un buen invierno de actividad alpina.

Haciendo trabajar mis Cobra, ya en top-rope. Fotógrafa: Nell Itxab
Al final una buena mañana robada al mal tiempo a pesar del susto que nos proporcionón un alud muy grande que cayó desde Dos Hermanas hacia el refugio Zabala. El alud que nos hizo correr preventivamente y que lanzó algo de polvo hasta nuestras cabezas, no causó víctimas afortunadamente, aunque pudo causarlas puesto que había bastante gente por la zona, dispersos por los diferentes mini-resaltes de hielo que afloraban por doquier.
Gracias a quienes habéis estado aguardando mi regreso y mis más profundas disculpas para aquellos que albergaban que hubiera dejado el blog para siempre. Que no desesperen, todo llega tarde o temprano.
Fin de semana doble: Puig Campana y Peñón del Divino (ii)
Después de cenar copiosamente en Sella y vivaquear cerca del camino de aproximación al Peñón del Divino, nos levantamos temprano, desayunamos frugalmente y emprendemos camino hacia la base del Espolón Pertemba (200 mts. V), nuestro objetivo del día.
Aunque el madrugón no es excesivo, nos garantizamos ser los primeros en la vía cuando aparecen cuatro escaladores locales que van en dos cordadas al estar Jose Luis peleando ya el primer largo. Tras la escalada del día anterior, es un alivio saber que las reuniones están equipadas cuando Jose Luis la alcanza. Y Toni y yo vamos a reunirnos con él a través de un largo descompuesto de III grado en lo que lo peor es elegir qué coger aunque realmente es menos frágil de lo que parece a simple vista.
El segundo largo me toca a mí y resulta muy interesante: una placa de V que no regala nada y en la que tengo que esmerarme emplazando los seguros. Un largo precioso en el que resoplo un par de veces y descubro que, a mi izquierda, he dejado pasar algún clavo y, quizá, el trazado bueno de la vía. Pero no importa: el largo por donde he subido resulta espléndido.
Madclimber en el segundo largo del Espolón Pertemba
El resto de la vía es más de transición y disfrutamos la escalada sencilla conversando con los otros escaladores que nos cazan pero, pacientes, esperan.
El último largo es, de nuevo, una placa más tumbada y sencilla, pero muy bonita. Lo que no sabíamos es que era el preludio de uno descenso interminable e incómodo en el que Toni y yo llegamos a temer por Jose Luis. Este se había ido a buscar un camino mejor y terminó encontrando uno peor.
Final del Espolón Pertemba con el Puig Campana al fondo
El fin de semana se termina con algo de picar, unas cervezas y un trayecto en avión de vuelta a casa. Realmente no es una mala combinación la de volar de Madrid a Alicante, siempre que tengas alguien que te recoja y te lleve a escalar.
Fin de semana doble: Puig Campana y Peñón del Divino (i)
Leo con nostalgia la fecha de mi última entrada en el blog: 5 de abril. Lo cierto es que he andado muy atareado últimamente y sólo he robado algo de tiempo para la familia y para escalar, por lo que contarlo se ha quedado en un segundo plano.
También ha coincidido eso con una temporada general de poco ánimo comunicativo. Pero, sea como fuere, me he animado a retornar y, poco a poco, ponerme al día de las últimas actividades.
Aproximación a la cara sudoeste del Puig Campana
Como manda la actualidad, empiezo por el final, el fin de semana del 6 y 7 de junio. Aprovechando una charla que tenía en Alicante, engañé a Jose Luis para ir a escalar un par de vías clásicas por la zona y él, a su vez, engañó a Toni. Así que me recogían en la estación de tren de Alicante el viernes por la tarde camino de dos objetivos: el Puig Campana el sábado y el Peñón del Divino el domingo.
La vía elegida en el Puig Campana era el Espolón sin nombre (IV, 300 m.), en el sector sudoeste, y la del Peñón del Divino era el famoso Espolón Pertemba (V, 130 m.)
El sábado madrugamos, aunque no demasiado, cargamos lo que nos pareció demasiado material (como siempre, pero ¡cuánto cuesta renunciar a un friend!) y nos lanzamos a la larga caminata hacia el Puig Campana.
Tras 45 minutos, tal y como reza la guía de Escalada del Puig Campana, de Carlos Tudela, después de trepar a las bravas por el Barranc de l’infern.
Madclimber emplazando el primer seguro de la vía
Me toca el primer largo y resulta un sencillo y herboso IV con algún paso entretenido. Busco la reunión pero parece que no existe y termino montándola donde no toca, con lo que lo único que consigo es liar al pobre Toni en un segundo largo que en lugar de se un plácido IV se convierte en un diedro ligeramente desplomado con pasos de V ó V+ con algún emplazamiento dudoso y un par de pasos finos de placa. ¡Pobre Toni!
Toni sufriendo el segundo largo
Al final, de nuevo en el trazado orginal y tras encadenar algún largo magnífico, como el que me tocó en mi turno con tramos de placa aérea de IV+ y fácilmente protegible, llegamos al jardín que marca el final de la vía elegida. Nos quedan un par de largos de espolón de la vía clásica y luego el famoso descenso del Puig Campana, que, tal y como recordábamos, nos hace preguntarnos una y otra vez ¿cómo se baja de aquí?
¿Por dónde se baja de aquí?
Agotador descenso y merecidas cervezas. El día lo cerramos en Sella con una cena de órdago y animados para meternos en pared de nuevo al día siguiente.
Madclimber saliendo de la variante Toni






