Ese es el nombre oficial del grupo de trasntornados que nos juntamos en Valencia alrededor de la montaña, a mediados de los noventa. Su composición fluctuaba un poco pero el núcleo duro lo formábamos Quique, Javier, Sergio, Vicente y yo.
Echo mucho de menos aquella época de salidas continuas en grupo a la montaña. Cada uno teníamos nuestra forma de entenderla, pero teníamos algo en común: la disfrutábamos todos por igual. Entre todos hicimos cosas muy interesantes: aprendimos a escalar, hicimos nuestras primeras tapias, las primeras nieves, nos perdimos juntos…
La calidad como personas de todos ellos es muy superior a sus muchas cualidades como montañeros y con todos ellos siempre me sentí protegido, respaldado y aupado en nuestras salidas.
El nombre, Cordada Julai, nació un día que nos pusimos a escalar, para salir por arriba de una zona de escalada a la orilla del mar, con todo lo que llevábamos colgando. Sergio llevaba un gorrito de pescador muy macarra, yo llevaba una botella de agua en la magnesera y todos llevábamos una pinta que avergonzaría a los más ínclitos escaladores deportivos. Luego, se fue afianzando con nuestras sucesivas salidas, en las que siempre hacíamos cosas así o peores.
El grupo se ha ido deshaciendo con el paso del tiempo, el trabajo, los hijos, los cambios de domicilio y los años que nunca pasan en balde.
Hace unos años hicimos una escapada para rememorar viejos tiempos y estuvo genial. Fuimos al Balaitús y conseguimos un par de cumbres y, sobre todo, muchos buenos momentos. En la foto estamos todos en la terraza del refugio de Respomuso y yo estoy haciendo el mico subido a hombreos de Vicente y Javier, a nuestra izquierda Quique, en segundo plano, y Sergio.

Hablaré de ellos, uno a uno, en esta serie de compañeros de cordada que voy glosando.