Fue una ruta especial, la más significativa de una bonita escapada que se prolongó en unos cuantos días. Nos fuimos a Baissellance unos cuantos amigos (un buen puñado) en la semana santa de 1997, con el Hale-Bopp en el cielo, y Vicente y yo nos quedamos un poco más para intentar el Corredor del Clot de la Hount y también los corredores Swan y Norte del Marboré.

Los otros no pudieron ser, pero el Clot de la Hount sí. El corredor recorre una brecha marcada entre el Vignemale y el Pic de Clot de la Hount que, en buenas condiciones es muy asequible y continua.
Sin embargo, no había suficiente nieve cuando estuvimos y, a la mitad del corredor, hay un bonito gran bloque empotrado que supone la principal dificultad de la vía. Ese tramo, que me correspondió de primero, lo resolví con una gaza a modo de pedal sujeta en un clavo abandonado en el fondo del bloque. En ella metí la bota con los crampones para impulsarme y salir del paso con un «movimiento de codos» y arrastre nival. En ese paso, Vicente, de segundo, resbaló mientras sufría intentando recuperar la gaza. Era previsible.
El resto del corredor, un deleite para los sentidos.
La palabra «pedaleta» suena fatal, ciertamente.
En tu honor he reescrito la parte de las «pedaletas» que imagino surgieron del subconsciente profundo de mi infancia valenciana.