Por fin he podido disfrutar de buen hielo este invierno. Lástima que, volviendo con los esquíes hiciera la estupidez de caerme en mala postura con la talonera de la fijación suelta. Resultado: un esguince muy doloroso y una vuelta al coche tortuosa en la que dí bastante la lata a mis compañeros de aventura.
Compañeros de lujo, por cierto. Además de Jose Luis, estupendo amigo, vehemente escalador y compañero habitual de mis aventuras, tuve la suerte de compartir el domingo con Miguel Ángel Vidal que, además de todo lo anterior, es un gran alpinista. Lo mejor del fin de semana no fue el hielo, sino ellos.
Miguel Ángel, además, es ATS y fue quién le hizo un fantástico vendaje de urgencia a mi tobillo al llegar a Hoyos del Espino, en la Galana (el restaurante y casa rural del amigo Guillermo que colaboró haciendo de pinche de ATS).
El sábado (día 5), Jose Luis y yo estuvimos escalando en un hielo bastante malo los resaltes que hay a la derecha de la cascada de la Pared Negra en Peñalara (que tenía cola para ser ascendida y más de tres cordadas simultáneas, lo que nos ahuyentó). Nos divertimos y jugamos a escalar de puntillas en hielo fino bajo el que corría agua en algunos tramos. Un sábado entretenido que terminó con una ventisca muy desagradable.
Pero el gran día fue el domingo. Tras viajar a Hoyos del Espino y pasar la noche allí, nos fuimos con esquíes a las cascadas del arroyo de Prado Pozas. Mucha nieve, aunque no en buenas condiciones (como comprobé luego lamentablemente) y un hielo excelente en el que escalamos muy agusto y aprendimos mucho de Miguel Ángel. ¡Gracias Sr. Vidal!
En fin, que el maltrecho tobillo fue un flaco pago por lo bien que lo pasé ambos días.. aunque habría preferido que me saliera gratis.


