Pues sí.
Madrid me mata. Resulta muy complicado coincidir en esta ciudad y los pocos amigos escaladores que tengo aquí tienen biorritmos muy diferentes a los míos. Y empiezo a desesperar.
Me gustaría ir al tablón un par de veces por semana, pero resulta muy difícil porque me pilla a muchas paradas de metro y dar vueltas sólo en círculo por el tablón no es el método más divertido de entrenar. Además, es difícil coincidir intereses en fines de semana por lo que, cuanto menor es el abanico de posibilidades (como en mi caso), es más un tema de azar que de costumbre el coincidir.
A eso, hay que añadir, además: mucho trabajo, la reciente paternidad y la pérdida de un par de compañeros fieles de cuerda (mi mujer que ha sacrificado la escalada por otra pasión mayor y mi socio que, tras un considerable susto en Peñalara, ha decidido tomarse un tiempo sabático indefinido).
Así, mis días pasan sin tocar roca o resina y marcando las páginas de las guías de escalada con objetivos que cada vez andan más lejos.
Tampoco ayuda que, una vez que me animé a poner un anuncio en Desnivel, terminé por quedar mal con la buena gente que se molestó en responderme por que en realidad no era un buen momento de mi vida (al menos en cuanto a diponiblidad de tiempo9.
En fin, lo dicho: ¡se busca compañer@ para trepar!, recompensa: buenos ratos al sol y al frío encaramándose por las paredes.
Después nos quedamos unos días más Vicente y yo porque teníamos vacaciones. Y todavía mejoró la cosa: hicimos el corredor norte del Clot de la Hount, subimos al Pico de Labas y de ahí nos fuimos hacia Ordesa a intentar el corredor Swan, pero acabamos yendo a refugio de Góriz por Tuca Roya para hacer el Cilindro, Marboré y volver a Gavarnie por la Brecha de Rolando.