Marina es mi hermana, que se ganó el sobrenombre de “piano – piano” gracias a su tesón y a su capacidad de esfuerzo en el Camino de Santiago.
En la foto de la derecha está en la estación de Chamartín, después de viajar desde Santiago en una litera y tras desayunar conmigo en su escala hacia Valencia, también en tren.
Ella sola, a sus más de 50 años, se embarcó en una aventura que hace ya muchos años tenía en mente, el Camino de Santiago, del tirón y desde Roncesvalles (el camino francés).
En el desayuno me estuvo contando algunas de sus peripecias, la magnífica gente que encontró en todo el camino y en especial en los hospitales de peregrinos. También me contó que lo de piano-piano se lo pusieron unos italianos con quienes compartió parte del trayecto.
Así pues, a su ritmo, perseverando y con mucha paciencia y abnegación, Marina tiene ya su compostelana y dos cartillas de los alojamientos del camino que enseña con más gusto casi que la compostelana.
Estoy muy orgulloso de mi hermana que, por los ritmos de la vida, nunca se dedicó al monte y, ahora, ha encontrado en él una afición que espero poder compartir mucho tiempo, como en aquella escapada que hicimos a los senderos del Serrablo hace ya bastante tiempo.
¡Viva Marina!
