Este verano se me ocurrió otra magnífica idea: ir a Frankenjura (Alemania) y, por el camino, escalar donde se nos ocurriera, por ejemplo en Montanejos y Les Calanques (Francia).
Sobre el papel era estupendo, al final no resultaba un plan tan interesante porque eran muchos kilómetros y pocos días de escalada efectivos. Aún así, entusiasmados partimos hacia unas cuantas vicisitudes.
La primera que pinchamos y tuvimos que renunciar a escalar en Montanejos para, a cambio, ir en busca de un par de neumáticos de repuesto (porque el pinchado quedó inservible y hubo que desecharlo).
La segunda, que tras comernos un espléndido atasco y casi un día entero de desvío para ir a Cassis, nos encontramos con la prohibición de acceder a la zona por elevado riesgo (de incendio). Y es que consultando en Internet lo dice por todos los lados, pero la guía (de papel) que compré hace ya ni sé cuántos años en París, no decía nada y pecamos de ingenuos.
Además, está prohibido también vivaquear (no sólo acampar).

Al final llegamos a Frankenjura, donde pudimos escalar tres días y comprobar que: aunque un poco desigual y en ocasiones algo húmeda, la caliza de la zona es excelente, las zonas son preciosas, rodeadas de bosques húmedos, y las vías están equipadas para ir bastante bien de la cabeza. Algunas vías tenían el primer seguro muy alto y en casi todas las vías de grado inferior a 6+ (6a+ aproximadamente) los seguros fijos alejaban y escaseaban. De hecho, casi todas las fisuras estaban desequipadas.
Los pueblecitos de la zona son muy bonitos y la gente es divertida aunque es Alemania, no cabe duda. Y es la Alemania rural, en todo caso es turística para turismo interno, tanto que nos costaba encontrar gente que hablara en inglés y que nos miraban como bichos raros.
En todos los lugares nos miraban con curiosidad excepto en el camping, verdadero punto de encuentro de escaladores y regentado por la encantadora Marta (que hasta nos hablaba en español) y sus tartas nocturnas de ciruela que eran la perdición del desayuno. Ese era el único punto cosmopolita (polacos, españoles, franceses, etc.) de la zona a pesar de que la mayoría de los residentes eran también alemanes.

Estuvo bien, pero tuvimos que volvernos demasiado pronto.
Ahora, conociendo la zona y con la experiencia me descubro consultando vuelos baratos a Nuremberg y planeando fines de semana largos, incluso con Carlos porque Marta nos ofreció gratis una camita en las habitaciones del albergue que tiene el camping.



