Jose Luis me ha salvado el pelo durante estos últimos años. La crisis del cambio desde Benasque a Madrid, la muerte de mi madre y el exceso de trabajo amenazaron con dañar de modo irreversible. Pero su pasión, su empuje y y su nervio bastaron para que yo siguiera aferrado a las montañas gracias a las esporádicas escapadas que planeamos e hicimos desde la distancia.
Al final buenas realizaciones, algunas más modestas que otras (la Punsola Reniu al Cavall Bernat, Mosquitos a la Visera de Riglos, Norte del Almanzor en Gredos -en la foto de la derecha-, Directa de los Martínez y Cepeda al Picu en Picos de Europa etc.), pero todas de un gran sabor.
Ahora él está probando nuevos territorios de mar y viento, pero me ha prometido no abandonar la roca e, igual, hasta escalamos juntos muy pronto. Sería una gran cosa.
