Una amiga, a la que llamaba después de mucho, pero mucho tiempo, me definió como guadiano, cosa que a mí me pareció muy bonita. Sin embargo, con el tiempo no sé si era un halago o un reproche. Al menos, por lo que parece, se alegró de que le llamara.
Así, haciendo buenas sus palabras, he pasado un largo verano en silencio. En parte porque no he hecho gran cosa relacionada con la montaña, en parte porque he ido de cráneo con el trabajo y, también en parte, porque no tenía muchas ganas de escribir banalidades (sería por el calor, sería porque estaba aburrido de mí mismo).
Pero ya pasó y vuelvo a tener ganas de escribir de banalidades y estupideces que puede que le hagan gracia a alguien pero seguro que no interesan a nadie.
Como esto es un blog sobre montaña, tendrá que acabar diciendo que mañana voy al Vellón a escalar, lo que es bastante desde primavera si no contamos un par de escarceos en roca y la actvidad poco sostenida en el rocódromo.
El Vellón no es una escuela que me apasione, pero como voy a llevar a mi hijo, compensa el fácil acceso y el espacio más o menos despejado que hay alrededor de las vías (la Pedriza suele ser mucho más escarpada, especialmente junto a la pared).
Ya contaré qué tal.