El domingo, por fin subí al Yelmo, tras dos intentos y unos cuantos años ya en Madrid viviendo. No tenía prisa, pero sí ganas.
El primer intento fue con José Luis a la Walkiria, pero fue infructuoso por varios motivos: entramos por otra vía porque había gente en el primer largo, luego hicimos un cruce extraño con potencial caída sobre la cuerda buscando una chapa que no tocaba y, sobre todo, llevaba muy poco tiempo escalando en adherencia (y José Luis nada). El resumen: nos fuimos a tomar cervezas.
El segundo intento lo conté en el blog. Fue a la vía Calavera, con Sergio. Sergio tampoco había escalado en adherencia apenas y estaba de visita el fin de semana. Aún así le echó ganas, como yo. Pero no sabíamos cómo era realmente la vía y no le vimos color. Ahora no me lo plantearía por aquello de que se trata, sobre todo, de hacerla en solitario porque las únicas chapas que hay son las de las vías que la cruzan.

Y a la tercera fue la vencida. La vía elegida, de nuevo la Walkiria porque era asequible y, según la biblia de la Pedriza, la más bonita de los grados asequibles. Además, al tener que reforzar los largos con autoprotección, Nell fue de segunda toda la vía. Así que, disfruté de lo lindo y, sinceramente, me habría gustado tener 5 largos más por delante con dificultad y facilidad para asegurar similar a los dos primeros largos.

Hicimos la ruta tal y como la reseña el Capitán Penurias ya que así nos la recomendó una cordada que acababa de hacerla. Pero al bajar nos encontramos con Roberto y Almudena que habían estado antes en la Hermosilla y que iban a rematar el día. Me dijeron que valía la pena hacer la ruta partiendo de la reunión original porque tiene mucho ambiente, así que lo dejaremos para otra ocasión.

Fue un muy buen día, una buena escalada y la compañía magnífica: Nell. Se trabajó con abnegación la aproximación y, sobre todo, la escalada. Una buena compañera de cordada y aplicada aprendiz de escaladora de pared.
